Educar en solidaridad Construir juguetes con desperdicios
Dentro de las iniciativas de impulso de actitudes de solidaridad, de conocimiento de la realidad de otros pueblos, otras personas, otros adultos, otros niños, otras niñas, ejercicios de uso de restos despreciados, descartados, que no se les da valor, que no les damos valor, ni se les considera de utilidad, las dinámicas de construir juguetes de uso con materiales descartados, tratados comúnmente como desperdicios se convierte en un ejercicio eminentemente educativo, tanto para adultos y menores, estos últimos, porque con ellos se puede desarrollar toda una actividad pedagógica que permite trasmitir muchos valores sobre el valor de las cosas, el valor de la defensa de los elementos, el valor del medio ambiente, el valor del no despilfarro, el valor del aprovechamiento de las cosas, el valor de reutilizar lo que comúnmente en nuestra sociedad de la opulencia lo despreciamos, creando con ello problemas medioambientales, problemas de mal uso de los recursos y sobre todo, porque se crea una dinámica y unos valores que desprecian la naturaleza, el valor de las cosas y el valor de las relaciones, la amistad y la solidaridad al no compartir los recursos que cada uno de nosotros disponemos y los tratamos de la forma menos adecuada y solidaria.
Para incidir en valores que hagan frente a todos esos aspectos de falta de relación amable con los medios, las cosas y las personas, se han realizado unos talleres sobre reciclaje, con la construcción de juguetes con materiales calificados como desperdicios, construyendo con ellos juguetes útiles y que a la vez permiten transmitir los valores de reciclaje, utilización de materiales considerados no útiles, emparejar las realidades de nuestra sociedad, compararla con la realidad de tantos y tantos cientos y miles de niños y niñas que no tienen acceso a un juguete, porque incluso no poseen esos materiales que nosotros ni los consideramos de valor.
Así, en los talleres, además de realizar un juguete, hecho con las propias manos de quien participa en el taller, se han comparado situaciones de los países ricos y los países empobrecidos, las desiguales relaciones entre los primeros y los segundos, donde los primeros han despojado de sus riquezas a los segundos, creando los problemas de dependencia, situación de pobreza, limitación de desarrollo de los mismos, tanto en su desarrollo económico, educativo, alimentario y de dependencia técnica y financiera por la no disponibilidad de recursos para intervenir en ellos.
De esta guisa podemos afirmar que conceptos como el reciclaje es un valor distinto según el lugar geográfico del que hablemos, así, para los europeos, es casi una moda que nace de unas necesidades ambientales creadas por nuestro desprecio a la naturaleza, por el consumo desaforado que practicamos. En cambio en los países del sur, los empobrecidos, el reciclaje es una alternativa para subsanar las deficiencias que las necesidades económicas han creado.
En definitiva es una necesidad reciclar. Ya que es necesario reciclar los neumáticos, pues sirven para hacer sandalias, bolsas, botas. El reciclado de latas, para hacer juguetes, instrumentos musicales...
La necesidad hecha virtud lleva a manufacturar cualquier cosa que la imaginación, la creatividad y la necesidad permiten, utilizando para ello los materiales de desecho que se disponen.
La diferencia de criterio es brutal, una sociedad despilfarrando los recursos naturales, porque no se valoran los mismos, y otros, los países en desarrollo, o países empobrecidos utilizando los recursos que pueden estar a su disposición. Pero el reciclado en los países desarrolladas no es un fenómeno para reutilizar lo desechado, sino porque se ha convertido en un concepto cultural, higiene, limpieza, etc. junto a que en algunos casos el concepto de reciclaje significa negocio económico.
Sea como fuera, lo cierto es que los conceptos de defensa de la naturaleza, de la defensa de los recursos naturales no es algo presente en el quehacer diario del ciudadano, ciudadana de los países desarrollados, mas bien lo que prima es el uso indiscriminado de los recursos, sean estos energéticos, medioambientales, y luego se aplica la higiene de esconder lo que se considera como no servible, no útil.
Los talleres, con el ejercicio práctico de elaborar cada niño, niña participante su juguete, se ha pretendido incidir en los conceptos de desequilibrio en el uso de los recurso, algunos tan al alcance de la mano, como todos los materiales considerados desperdicios, que tal como se les demostró sirven para poder fabricar el mejor bólido de carreras, con unas simples botellas de desecho que en su día portaron agua. Sus cuerpos, sus tapones, junto a unos simples alambres, que ayudados con unas herramientas también simples, como unos alicates, para cortar el alambre y servir para dar forma al mismo, junto a unas tijeras que cortan el plástico de las botellas nos permite tener un juguete útil, higiénico y que sirve para lo mejor, hacer feliz al niño o niña que quiere disfrutar jugando con un juguete que está a su disposición y que como en este caso lo puede construir por sus propias manos, siempre que se haga lo principal, acompañarlos en formar su identidad, su imaginación, sus capacidades manuales, y su iniciativa, que visto como se elabora un juguete se puedan realizar tantos como la imaginación del que emprenda el camino los pueda realizar.
Un juguete para cada niño y niña.
Un juguete creado con el propio esfuerzo, la propia imaginación y la colaboración de los adultos, transmitiendo la compañía, la amistad y la solidaridad en el trato entre las personas.
''El reciclaje es un concepto que varía según el punto geográfico desde el que se contempla. Para los europeos es casi una moda que nace de unas necesidades ambientales creadas por nosotros mismos, en correspondencia a la sociedad abocada al consumo, y consumo compulsivo que hemos creado''.
La reutilización de cualquier material dentro de las sociedades en proceso de desarrollo es un claro ejemplo de esta capacidad.
Ejemplos como el africano, que recopila tradiciones orales, evidencia que uno de los temas de esa tradición oral es el reciclaje y el aprovechamiento de todos los elementos que ofrece a la comunidad: la palmera se usa para hacer aceite, para obtener fibras y como elemento constructivo. Con su aceite se hace jabón y se usa en la medicina tradicional; sus cenizas se usan para fregar perolas, y su fibra para hilar, cardar, cestería, etc.
Estos valores que mantienen sociedades como la africana, que reciclan por necesidad económica, pueden enseñar a las sociedades occidentales a plantearse el reciclaje, no tan sólo como una necesidad para preservar el medio ambiente, sino también como un valor cultural en si mismo, que tiene un valor superior al de la simple preservación medioambiental.
A menudo la sociedad occidental tecnificada y desarrollada tiende a menospreciar las tradiciones culturales propias y de sociedades como la africana. Habría que apreciar lo positivo de dichas culturas, el valor de producir lo necesario, y consumir lo que es necesario, junto a la certeza que la naturaleza no es una reserva indefinida de recursos, que hay que preservarla. Estos dos aspectos que culturas como la africana tienen son valores a preservar, no ya sólo el medioambiental o de la naturaleza.
Un ejemplo contrario a no preservar, la propia influencia negativa de las sociedades occidentales en la sociedad y costumbres africanas, la creación de necesidades no básicas, que están comenzando a despreciar los propios valores culturales, tan adaptados a sus entornos, deslumbrados por el desarrollo tecnológico y científico.
En algunos casos el ejemplo del reciclaje en sociedades como la africana no se dan, ya que no se cuenta con elementos que nosotros despreciamos. Ya que en nuestra sociedad un papel tirado al suelo, es un asunto de limpieza, en cambio en sociedades donde no se dispone de dicho elemento, un papel botado por una persona puede tener veinte recogiéndolo, porque lo necesitan. Se pueden hacer trabajos con materiales de recuperación, la frontera, la capacidad de imaginación que cada persona le puede poner, ya que debes conseguir resultados utilizando los materiales desechados, necesitando para ello usar sin remedio la imaginación.
Las diferencias entre un niño nacido en un país desarrollado y otro empobrecido, es que el primero va a disponer de; derechos para acceder a la educación, a la salud, a tener cubiertas las necesidades básicas, tener juguetes al alcance de su mano, comida suficiente para su sustento diario, teniendo garantizado unos padres y una familia que le acoja, sea familia tradicional, monoparental, etc.
Como contrapartida, los niños y niñas nacidos en los países empobrecidos no dispondrán de lo básico, o cuanto menos no dispondrán de los elementos que les pueden llevar a disfrutar de los derechos y de cumplimentar satisfactoriamente sus necesidades. Algo que hay que transmitir en el acerbo cultural de las sociedades desarrolladas.
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