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Andrés Cabanas  De vez en cuando necesitamos ficciones de institucionalidad, engañosas suposiciones de políticas públicas, espejismos de eficiencia en los organismos del Estado. La aprobación y puesta en marcha de la Ley de creación de ambientes libres de humo de tabaco[1] es ese raro instante en que todo parece funcionar como debiera: los legisladores proponen, el pleno del Congreso aprueba en consenso, la sociedad asume, los edificios públicos, centros comerciales, bares, restaurantes y transporte se aprestan a cumplir con prontitud los preceptos establecidos. Más allá de lecturas coyunturales (efecto distractor, inicio de la campaña electoral) la ley debe ser entendida a partir de la necesidad de reconocernos y creernos proyecto común, de aparentar que el Estado funciona y cumple su cometido de representación y articulación de intereses colectivos.
Esa es la suposición. La realidad la marca el país definido por los intereses de unos pocos. Mandan, sin obedecer, los empresarios renuentes a cualquier incremento de su aporte vía impuestos, los importadores y distribuidores de vehículos[2], la Cámara de Seguridad (vendedores de inseguridad), las transnacionales que fijan a su antojo tarifas y condiciones[3]. La realidad es el Estado y la institucionalidad (Policía, Ministerio Público, Organismo Judicial, Congreso) dominados por mafias (Héctor Rosada)[4], construidos para la defensa de espacios de poder corporativos. La realidad es también un gobierno aliado con estos intereses en proyectos estratégicos (agrocombustibles, El Mirador, Franja Transversal del Norte, producción energética, minería, Programa Nacional de Competitividad), que utiliza compensadores como Cohesión Social para la contención de la protesta y los factores de conflictividad de un proyecto de dominación “jerárquico, explotador y polarizante” como afirma Immanuel Wallerstein al respecto del sistema mundo actual[5]. Este esquema de poder (corporaciones-gobierno) se completa con la remilitarización y la legimitación del uso de la fuerza; el fortalecimiento del providencialismo resignado[6] (el fatalismo individualista que conduce a la inacción y que promueven las cada vez más estrechas alianzas religioso-fundamentalistas con todos los partidos políticos, incluido el gobernante)[7]; y los acuerdos con transnacionales y gobiernos extranjeros, constituidos en actores clave al apostar por un modelo económico depredador y generador de dependencia. Tendremos pronto ambientes razonable y saludablemente libres de humo de tabaco (por cierto, nunca estuvieron mayoritariamente contaminados) pero el predominio del individualismo y el Estado privatizado tienden a la pulverización de lo colectivo y lo público, no sólo como propuesta sino como espacio de organización y territorio: nos desplazan, nos expulsan, nos confinan en nuestros hogares (especialmente a las mujeres), nos aíslan. El narcotráfico y la expansión de la economía criminal fortalecen lo anterior, pero al mismo tiempo son uno de sus subproductos: causa y efecto. La violencia criminal tiene explicaciones coyunturales (expansión de los carteles mexicanos, conversión de los mismos en grupos transnacionales)[8]; explicaciones tácticas (recomposición de alianzas con el poder político y el poder económico, similares a las establecidas durante el conflicto armado); razones político-estructurales (la fortaleza y autonomía de estos grupos a partir de la impunidad con que actúan históricamente); razones económicas (la disputa de negocios con corporaciones); pero también justificaciones de orden ideológico: el narcotráfico y la economía criminal son fruto del predominio de la mentalidad individualista, del cortoplacismo, del todo vale para acumular, de la hegemonía de lo personal sobre lo colectivo, del mercado por encima del Estado como expresión de un contrato social hacia las mayorías. En fin, del neoliberalismo dominante al menos durante los últimos 30 años. Los movimientos sociales necesitamos efectuar lecturas globalizadoras e integrales de esta realidad, que reconozcan la complejidad del esquema de dominación, su carácter al mismo tiempo cambiante (en el marco de redefinición de alianzas) y continuo, ya que se mantienen prácticamente invariables actores y formas de ejercicio del poder. Debemos actuar en el contexto de un poder que es al mismo tiempo fragmentado (disputas internas) pero unido en la visión estratégica, más allá del nombre del partido en el gobierno. Las lecturas complejizadoras deben abandonar visiones estáticas de contexto y actores y actualizar la caracterización del actual gobierno: no estamos ante un ejecutivo puramente empresarial (Berger, Arzú) ni ante un gobierno de los poderes paralelos (Portillo), pero tampoco ante un gobierno de los pobres. No estamos ante un gobierno de izquierdas ni coherentemente socialdemócrata pero tampoco ante un gobierno químicamente puro de derechas (nunca son ni lo uno ni lo otro) donde por ejemplo las concesiones a la memoria histórica y el homenaje a luchadores revolucionarios y transformadores (Alfredo Cotí, Oliverio Castañeda, Manuel Colom Argueta) pueden ser leídas así: simples concesiones y mediatizaciones contestadas con la realidad de la desaparición de archivos militares y el fortalecimiento del Ejército. Sin embargo, estas concesiones no dejan de tener impacto en el imaginario de una población que creció con la idea del comunismo y la revolución como enemigos del sistema. Incluso las categorizaciones electorales: inteligencia frente a mano dura, que enfrentaron al gobierno actual con el Partido Patriota, laicismo o multiespiritualidad frente al evangelismo conservador (Colom vs. Harold Caballeros), se perciben desactualizadas en el marco de una nueva articulación de fuerzas que vincula gobierno-sectores de la oligarquía-sectores militares-evangelismo. Por fin, necesitamos lecturas globales del sistema mundo, que no trasladen de forma mecánica acontecimientos que suceden en otros contextos (Bolivia, El Salvador) pero que tampoco desconozcan la interrelación de procesos ni su impacto simbólico (fortalecimiento de la capacidad de movilización y búsqueda de alternativas) y sobre todo que establezcan la conexión entre dinámicas globales y las estrategias de sobrevivencia comunitarias. La lectura complejizadora de la realidad nos debe llevar a estrategias igualmente complejas, que superen la actual sectorialización del movimiento social, construido con demasiada frecuencia a imagen y semejanza del poder que combate. Complejización que permita vincular –sin postergar- las reivindicaciones de género, clase y etnia, articular movimientos sociales y comunidad organizada, apostar por la coordinación y el consenso de diversidades[9] en vez de la homogeneización facilista, acercar las demandas estratégicas a las necesidades básicas de la población, hoy divorciadas. Ya tenemos ambientes libres de humo. ¿Cuándo empezamos la movilización masiva contra el hambre, la desnutrición, el analfabetismo, la violencia contra las mujeres, el racismo, la discriminación, las injusticias? [1] Decreto 74-2009, entró en vigencia el 20 de febrero. [2] Rechazan –incluso con movilizaciones callejeras- el Impuesto a la primera matrícula. [3] Como la distribuidora de energía Unión Fenosa, sujeto de críticas en movilizaciones en más de diez departamentos. [4] Inforpress Centroamericana, 1789. [5] Enseñanzas de Brasil, www.jornada.unam.mx/2009/03/15/index.php?section=mundo&article=026a1mun. [6] Andrés Pérez Baltodano. [7] El 4 de marzo Colom se reunió durante una hora con el predicador Luis Palau, de la Asociación Luis Palau. El 22 de febrero, Colom, el vicepresidente Espada, el presidente del Congreso, el Ministro de Gobernación y el Alcalde de Mixco asistieron al 30 aniversario de la Fraternidad Cristiana. Ese mismo días se celebraba el inicio del año en el calendario maya. [8] Ricardo Ravelo, Los capos. [9] Máximo Ba Tiul, obra en preparación.
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