Cooperantes / Cooperación
Lunes, 06 de Abril de 2009 11:43
Coopera
 
El cooperante, la cooperante, raras veces actúan solos. Lo común es que trabajen dentro de una organización, gubernamental o no. Esa organización a la que pertenecen delimita su marco de actuación, señala los objetivos, fija las propuestas, aprueba los proyectos, determina los criterios con los que se ejecutan. Los cooperantes no realizan su proyecto, gestionan, proponen, diseñan el proyecto de la organización que representan. Sin embargo, los cooperantes, contra con lo que con frecuencia argumentan, sí que pueden condicionar significativamente la calidad de la cooperación que se realiza. Dentro de su organización, tienen poder, espacio e influencias propias que pueden usar de un modo o de otro.


No es lo que se da, sino cómo se da

El cooperante, la cooperante, comprometen en su trabajo cotidiano la globalidad de su persona. La sonrisa, el guiño, el tono de voz, el gesto, se convierten en herramientas de su labor. Pero no basta la buena voluntad. En cooperación es más importante cómo se da que lo se da. Los cooperantes, como responsables últimos del cómo se hace la cooperación tienen en sus manos una parte fundamental del éxito o fracaso de la cooperación. Tienen poder.

Si los médicos, los abogados, los periodistas tienen su propio código deontológico, los cooperantes también deben tener el suyo, una guía ética que vaya más allá de la política concreta que desarrolla el organismo en el que coyunturalmente trabajan.

La siguiente propuesta de Código – con 14 reglas -, referida exclusivamente al cómo se coopera, intenta esbozar una línea de conducta cuya validez se extienda más allá del país o del sector social con el que se realiza la cooperación. Mas allá también de las características de la organización a la que se pertenece.
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