Coopera
El cooperante, la cooperante, raras veces actúan solos. Lo común es que trabajen dentro de una organización, gubernamental o no. Esa organización a la que pertenecen delimita su marco de actuación, señala los objetivos, fija las propuestas, aprueba los proyectos, determina los criterios con los que se ejecutan. Los cooperantes no realizan su proyecto, gestionan, proponen, diseñan el proyecto de la organización que representan. Sin embargo, los cooperantes, contra con lo que con frecuencia argumentan, sí que pueden condicionar significativamente la calidad de la cooperación que se realiza. Dentro de su organización, tienen poder, espacio e influencias propias que pueden usar de un modo o de otro.
No es lo que se da, sino cómo se da
El cooperante, la cooperante, comprometen en su trabajo cotidiano la globalidad de su persona. La sonrisa, el guiño, el tono de voz, el gesto, se convierten en herramientas de su labor. Pero no basta la buena voluntad. En cooperación es más importante cómo se da que lo se da. Los cooperantes, como responsables últimos del cómo se hace la cooperación tienen en sus manos una parte fundamental del éxito o fracaso de la cooperación. Tienen poder.
Si los médicos, los abogados, los periodistas tienen su propio código deontológico, los cooperantes también deben tener el suyo, una guía ética que vaya más allá de la política concreta que desarrolla el organismo en el que coyunturalmente trabajan.
La siguiente propuesta de Código – con 14 reglas -, referida exclusivamente al cómo se coopera, intenta esbozar una línea de conducta cuya validez se extienda más allá del país o del sector social con el que se realiza la cooperación. Mas allá también de las características de la organización a la que se pertenece.
Las reglas son:
- Dejarás a la contraparte local protagonizar el proyecto: La contraparte local deber ser la protagonista.
- Estimularás la autoestima en la contraparte local. - No ayudarás a quien no se ayuda a sí mismo. - Cooperarás, no harás donaciones. - Atenderás al proceso: es lo fundamental. - Comprenderás la cultura local. - Evitarás el norte – centrismo en tus análisis y en tu conducta. - No impondrás, pero no lo aceptarás todo. - No te engañarás. - Serás puente: traducirás las dos lógicas. - Coordinarás tu proyecto con el de otros. - Aceptarás que la meta no es ser querido por los pobres. - Descubrirás que cooperar es aprender. - Te convencerás de que la finalidad de la cooperación es desaparecer.
Dejarás a la contraparte local protagonizar el proyecto: La contraparte local debe ser la protagonista
Esto Significa que hay que hacer las cosas bien y hay que gestionar bien, pero siempre y cuando lo que se hace sea entendido y compartido por la contraparte local.
Sólo hay que hacer lo que las contrapartes locales no pueden hacer. Y hay que dejar de hacer lo que la contraparte o la comunidad pueda hacer. El cooperante debe asesorar, sugerir y proponer, pero no decidir contra la opción de la contraparte. El futuro de cada país debe ser decidido por los habitantes e instituciones de ese país.
Estimularás la autoestima en la contraparte local
Los proyectos de cooperación de inician con frecuencia a partir del análisis de lo que falta, de lo que la gente no sabe hacer, de lo que la gente no ha hecho.
El cooperante debe valorar lo que ya existe, lo que ya se hace, lo que ya se sabe. El mayor y mejor resultado de un proyecto de cooperación no se puede medir ni se puede contar: queda en la conciencia de quienes participaron de él y ganaron confianza en sí mismos.
No ayudarás a quien no se ayuda a sí mismo
La cooperación debe ser un encuentro de esfuerzos, una suma de voluntades. Hay que intentar también que este encuentro de esfuerzos se exprese y formalice en un acuerdo, en un convenio que comprometa a todos los que intervienen en el proyecto.
Cooperarás, no harás donaciones Salvo en casos de extrema necesidad motivada por catástrofes no deben hacerse donaciones.
No hay desarrollo autosostenible sin esfuerzo propio. Y no hay esfuerzo propio donde hay donación totalmente gratuita. Las donaciones pueden aportar más cantidad de cosas a las comunidades, pero les amputan el hábito de ganarles, les inoculan el virus de la dependencia. Donde se elimina el esfuerzo propio se aborta el principal factor de desarrollo y se condena a la gente y al país a una crónica dependencia. Además, la relación entre el que da todo y el que recibe todo sin esfuerzo por su parte, es una relación profundamente viciada, de extrema desigualdad, antidemocrática.
Atenderás al proceso: es lo fundamental
En el diseño de cada proyecto de cooperación se establecen unos objetivos que hay que cumplir. Sin embargo, más importante que ese objetivo cumplido, es si el proceso para lograrlo ha incrementado la capacidad de la contraparte local y de la comunidad para realizar nuevos diseños de nuevos proyectos. Para el desarrollo local a mediano y largo plazo, lo que realmente cuenta no es tanto la cosa lograda sino el proceso recorrido hasta lograrla. Con qué disposición y capacidad queda la comunidad y la contraparte local para lograr más cosas. Comprenderás la cultura local
El cooperante debe interesarse en comprender la cultura de quienes le acogen, sus valores, su lenguaje, sus refranes, sus costumbres, su particular manera de entender sin demasiados equívocos.
Evitarás el norte – centrismo en tus análisis y en tu conducta
Aunque el cooperante sea teóricamente crítico del imperialismo cultural, puede contribuir a él si pontifica a asesora desde la atalaya de su propia cultura. Pero si está atento, puede controlar su tendencia a trasplantar mecánicamente su “sabiduría”, a al vez que valoriza y respeta la cultura del país de acogida. En ocasiones, es muy valioso para los pueblos del sur que alguien de fuera valore lo de ellos. Influidos especialmente por la televisión, ya están empezando ellos mismos a menospreciarlo.
No impondrás, pero no aceptarás todo
El preciso que el cooperante cree con la contraparte un clima en el que pueda expresar todas sus ideas sobre el proyecto también las críticas sin herir, sin humillar. Un clima en el que la contraparte y la comunidad se sientan con la libertad de criticar con franqueza las actuaciones del cooperante y del organismo que presenta.
No te engañarás El poder está desigualmente repartido: La desigualdad de poder entre la agencia de desarrollo – que el cooperante representa y la contraparte es real. No se trata de ocultarla sino de clarificarla, de señalar sus límites y de crear reglas del juego que sean aceptables y equitativas para ambas partes.
Serás puente: traducirás las dos lógicas
El cooperante debe traducir constantemente a la contraparte local la lógica del organismo al que representa y viceversa. Sólo el cooperante puede hacer este papel de puente, porque procede o conoce la sociedad del organismo cooperante pero vive a diario en la sociedad de la contraparte.
Coordinarás tu proyecto con el de otros
El primer deber de los cooperantes es cooperar entre sí en beneficio del desarrollo local. Con frecuencia no sucede así y los cooperantes compiten por proyectos exitosos y exclusivos. No es raro que una misma población reciba propuestos de cooperaciones distintas pero que tienen la misma finalidad, aunque le exigen distinto nivel de compromiso. Compartir y no competir: ése es el camino
Aceptarás que la meta no es ser querido por los pobres Cuando se ejerce de cooperante el objetivo es contribuir al éxito del proyecto acordado con la contraparte. Desde el desigual reparto de poder que se produce en la gestión de los proyectos de cooperación, lo difícil no es ser querido. Lo difícil es dar poder a la comunidad, conseguir la gestión eficaz de un proyecto que debe claramente protagonizar la contraparte.
Descubrirás que cooperar es aprender
El ejercicio de la cooperación es de ida y vuelta. Es en realidad un intercambio. Muchas veces se suele desaprovechar esta oportunidad y no se tienen ni ojos ni oídos para captar lo que nos está enseñando el otro. La tarea de cooperación es una gran oportunidad para comprender otra cultura y otros valores.
Te convencerás que la finalidad de la cooperación es desaparecer
La prueba última de la bondad de un proyecto es que al finalizar los recursos de la cooperación el proyecto subsiste – si es de esa clase – con recursos propios. Esto exige trabajar para irse, realizando un progresivo desplazamiento de las responsabilidades y de la toma de decisiones hacia los demás en busca de un final anunciado: hacerse innecesario.
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